Desde hace ya muchas décadas, España tiene un problema en su mercado laboral: no es capaz de generar los suficientes puestos de trabajo para su población. Para no remontarnos más atrás, que quizá fuera pertinente, podemos situarnos en los años setenta y ochenta del pasado siglo. Por entonces, las crisis petrolíferas del 73 y del 79 provocaron el cierre de muchas empresas y el incremento extraordinario del número de desempleados, en parte por los trabajadores despedidos y en parte por la incorporación de la mujer española, así como de los jóvenes que correspondía por edad, al mercado laboral.
Desde nuestra adhesión a lo que hoy es la Unión Europa, nuestra economía ha experimentado distintos vaivenes, si bien la tónica general ha sido de crecimiento elevado (en comparación con los otros países miembros). Expansión que permitió la contratación de trabajadores nacionales, pero que no logró eliminar el problema del desempleo. Cierto es que España recibió a muchos extranjeros, pero no lo es menos que los inmigrantes han ocupado puestos mayoritariamente no deseados por los españoles y que una buena parte de la población aborigen estaba parada.
Ahora, volvemos a encontrarnos en una difícil situación, en una crisis profunda y duradera. Y, como parece ser consustancial a nuestro país, el desempleo aumenta de forma considerable (o exponencial, si revisamos el gráfico oportuno). De momento, y digo de momento porque, desgraciadamente, se está lejos de tocar techo, los parados ya suman más de cuatro millones de personas según la Encuesta de Población Activa (nota de prensa). Nada menos que un 17,36% de la población activa. De tan nefasto dato se han hecho eco todos los medios de comunicación nacionales (ver, por ejemplo, Expansión o La Vanguardia) y los más importantes periódicos internacionales: BBC Mundo, The Independent, Financial Times, New York Times,...
¿Cómo solucionamos el problema? Cedida la política monetaria, nos queda, como opción más importante, la política fiscal. Un aumento del gasto público o (que, en español, incluye 'y') una disminución del tipo impositivo directo, permitirían incrementar (o que no se redujera tanto) la demanda agregada, con el consiguiente beneficio para el empleo. Sobre esta posibilidad, hay que considerar la sugerencia del Fondo Monetario Internacional (leer esta noticia).
Una alternativa es incidir en la oferta, es decir, abaratar el coste de contratar trabajadores. Por ejemplo, reduciendo las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social, aunque esta opción agrava el déficit público y hasta pone en peligro el pago de las pensiones (léase la propuesta del Banco de España y esta opinión). También es posible reformar el mercado laboral en cuanto a los costes de despido y a la facilidad para contratar trabajadores temporales o a tiempo parcial, reforma que lleva siendo solicitada mucho tiempo por los empresarios, pero que, personalmente, creo que tendría poco efecto en las actuales circunstancias.
Finalmente, nos queda la política de rentas, como propone Expansión, entre otros que ya han manifestado la conveniencia de un gran acuerdo sociopolítico.
No resulta sencillo, porque no lo es, corregir el problema. Y quizá tengamos que esperar a la recuperación (ver previsiones de AGETT y del FMI) para que el paro vuelva a disminuir. Mientras tanto, habrá que establecer algún mecanismo para paliar la situación de los más afectados (ver la propuesta gubernamental en Cinco Días) y prepararse, como diría mi madre, para el futuro. Que, en lo tocante a formación, dejamos mucho que desear (lee esta noticia y estos datos).
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sábado, 25 de abril de 2009
Desempleo en España
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sábado, 27 de diciembre de 2008
Ni blanco, ni negro; gris
Una de las ideas principales que todo estudiante de Economía, cualquiera que sea la rama, debe aprender es la inexistencia de medidas absolutamente buenas o malas. Cuando un profesor explica una medida de Política económica, es frecuente que algún alumno pregunte si, en definitiva, es buena o mala. Pues dependerá de los objetivos, de las circunstancias y de cómo respondan los agentes económicos. Por poner un ejemplo reciente, el llamado plan de rescate bancario intenta proporcionar seguridad y liquidez al mercado financiero... lo cual es inicialmente bueno. Pero, si como ocurrió en la primera subasta, las entidades no recurren a él, simplemente se estarán desperdiciando unos recursos muy valiosos en estos tiempos de crisis... lo cual, naturalmente, es malo.
Hago esta pequeña introducción para llegar al objeto de esta entrada, cual es otra de Onésimo Álvarez-Moro en El blog Salmón, en la que se asegura que Subir lo que se paga para el desempleo es bueno. El autor viene a concluir que incrementar el importe individual percibido por el seguro de desempleo es bueno porque a) los parados sufrirán menos la crisis, b) será más fácil la "reconversión" del sistema productivo español hacia sectores de futuro y c) es una manera "inversora" de gastar los fondos públicos, frente a otras alternativas de puro dispendio. No contrapone, sin embargo, los posibles perjuicios que esta medida pudiera tener, y que te invito a descubrir a continuación:
Como siempre, comparte tus respuestas iniciales mediante comentarios a esta entrada y utiliza EnEcoNews-Wiki para las respuestas definitivas.
Hago esta pequeña introducción para llegar al objeto de esta entrada, cual es otra de Onésimo Álvarez-Moro en El blog Salmón, en la que se asegura que Subir lo que se paga para el desempleo es bueno. El autor viene a concluir que incrementar el importe individual percibido por el seguro de desempleo es bueno porque a) los parados sufrirán menos la crisis, b) será más fácil la "reconversión" del sistema productivo español hacia sectores de futuro y c) es una manera "inversora" de gastar los fondos públicos, frente a otras alternativas de puro dispendio. No contrapone, sin embargo, los posibles perjuicios que esta medida pudiera tener, y que te invito a descubrir a continuación:
- El incremento del seguro de desemplo aumenta el gasto público, lo que tenderá a elevar el déficit público. ¿Qué problemas puede conllevar un déficit público elevado?
- Si el desempleado percibe, más o menos, el sueldo que obtenía trabajando, ¿tendrá incentivos para buscar empleo? ¿O para recibir cursos de formación? Si la respuesta a alguna de estas preguntas es negativa, ¿qué repercusiones tendrá ese efecto en la economía española?
- A largo plazo, es probable que la medida favorezca la reasignación de recursos, es decir, que haya más inversión y trabajo en los sectores competitivos que en los no competitivos. Pero, si desaparecen muchas empresas porque no cuentan con la ayuda necesaria, ¿será mayor el coste que el beneficio alcanzable? Piénsese en los empleos destruidos, la reducción del consumo, la disminución de la inversión, el gasto público dedicado al desempleo,...
- ¿Qué otros problemas económicos puede generar la medida?
- ¿Y qué otros de naturaleza social o política generará el cierre de empresas y el incremento del desempleo?
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jueves, 31 de julio de 2008
¿Mito o realidad?
En el vídeo siguiente se trata un viejo problema económico y social: la economía sumergida. En el discurso, no falto de sarcasmo, se utiliza un manido argumento, cual es la imposibilidad de que la cifra oficial de parados se ajuste a la real por la insostenibilidad de la situación que provocaría. Visiona el vídeo y contesta a las preguntas que te hago después.
- ¿Qué se entiende por economía sumergida y cómo se suele estimar su volumen?
- ¿Sobre qué variable macroeconómica repercute principalmente la economía sumergida?
- En el supuesto de que la anterior variable se modifique de forma significativa, ¿qué efectos podría producir la economía sumergida en la economía del país?
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